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La Travesía de los Alpes: La Hazaña del Cruce de los Alpes

Chavez listo para despegarEl día viernes 23 de septiembre de 1910, las noticias procedentes del Simplón anunciaban que en la vertiente del norte la calma era perfecta, pero que, en el otro lado predominaba un viento impetuoso que soplaba sobre el gran valle de la aldea del Simplón. Sobre el Monscera y en la ruta italiana los informes anunciaban tiempo espléndido. Con éste informe meteorológico de la ruta había pocas posibilidades de que los pilotos que persistían en la competencia, Chávez y Weymann, intentaran efectuar la travesía. El día anterior Chávez había recorrido la ruta por tierra, familiarizándose aún más con cada uno de los detalles y verificando con sus anotaciones y cróquis que había efectuado.

Chávez luego de recibir el reporte del tiempo, tomó en consideración el buen estado que ofrecían las condiciones meteorológicas en el tramo italiano y decidió efectuar un nuevo recorrido por tierra, para cerciorarse personalmente de los reportes dados por los observadores terrestres de la ruta. En su recorrido comprobó que el viento en el valle del Krumbach era fuerte, de unos 15 metros por segundo aproximadamente y que en cambio, en la dirección del Monscera, según la observación de su amigo, el aviador Louis Paulhan, la quietud del viento era propicia para el vuelo. Con esta información, Chávez decidió partir, regresando rápidamente a Briga para abordar su avión Bleriot rumbo a la conquista del paso de los Alpes.

Ruta

Presione aquí para ver la animación de la ruta del vuelo de Chávez sobre los Alpes.

despegandoChávez bajó del auto y fue a su hangar, mientras se colocaba su vestimenta especial de vuelo, casco protector de cuero y lentes, dispuso a su mecánico Mazeran para que emplazara su avión monoplano Bleriot XI en el extremo del campo de Briga. Chávez al ver su avión ya en posición, se desplazó a su encuentro, lo inspeccionó y subió en él, revisó la cabina y dió la orden a su mecánico Mazeran para arrancar el motor girando la hélice. Luego de ello, elevando los brazos con sus manos enguantadas, dió la señal de partida. Los ayudantes de Chávez que retenían el avión, lo soltaron y el frágil monoplano empezó a rodar suavemente sobre el terreno del campo de vuelo; la frágil máquina sigue adelante tomando velocidad, levanta la cola del suelo, sigue acelerando y a las 13:29 horas, de acuerdo al informe del Comisario arturo Mercanti, el Bleriot de Chávez despega del campo de Briga dejando oír el sonido de su motor Gnome de 50 caballos de fuerza.

El avión va tomando altura con facilidad. Sube en espirales sobre la ciudad de Briga y sobre el campo, hasta que los observadores terrestres ubicados en el punto de partida lo pierden de vista.

sobre los AlpesEs divisado nuevamente al aproximarse al Simplón, cuando gira primero en torno de la cumbre del Staldhorn y luego en torno a la del Shienhorn, llegando a pasar a la derecha del hotel Simplón a unos 300 metros de la cumbre. Superado el Simplón, Chávez en su Bleriot vuela sobre los pastos del Hospicio y al dejarlo, deja también la última oportunidad para efectuar un aterrizaje. Pasa luego sobre los escollos del Gathenhorn, dando la vuelta en torno del Seehorn para luego penetrar en el desfiladero, entre las paredes a pico de éste y del Pioltone para desembocar en el tortuoso valle del Toce. Pasa sobre Vegogna y hace su aparición en la región de Piamonte.

Se aproxima al pequeño pueblo de Domodossola, primera etapa de la travesía de Briga a Milán. La multitud reunida en el campo de vuelo saluda al héroe, al vencedor de los Alpes. Chávez, el joven aviador peruano es consciente que ha vencido a las montañas, si, ha vencido a los imponentes y temidos Alpes y es consciente también, que es el primer aviador en hacerlo en un avión. Pero el vuelo aún continúa, el Bleriot se aproxima al campo de Domodossola para reabastecerse de combustible y proseguir su vuelo a Milán, destino final de la competencia. Los relojes marcan las 14:10 horas, unos pocos minutos más, y aterrizará. Chávez, felíz de lo logrado. Reduce la potencia de su motor e inicia un suave descenso para aterrizar en el campo de Domodossola. Cuando sólo faltaban 20 metros para aterrizar, algo inesperado ocurre, las alas del Bleriot XI se desprenden parcialmente y se pliegan hacia atrás, haciendo que el aeroplano, ya sin capacidad de poder ser controlado por su piloto, caiga a tierra a las 14:14 horas, es decir después de 45 minutos de vuelo, incrustando su motor en tierra, destrozando la hélice y cubriendo a su piloto con parte del fuselaje y las alas. Los Alpes habían sido vencidos, si, vencidos por un joven peruano de 23 años, pero ese bravo vencedor se encontraba entre los restos del avión Bleriot XI con vida, pero herido. Aquí es bueno precisar que, producido el accidente, Arthur Duray corrió hacia el lugar del impacto y llegó acompañado de los doctores Rondollini y Robbiola. Al no ubicar el cuerpo de su amigo y aviador, empezó a mover las partes del avión y al levantar una de las alas vió a Chávez que reposaba sobre un lado de su cuerpo y que sangraba por la boca. Con la ayuda de los dos médicos que habían llegado con él, liberó a su amigo herido de los alambres y maderos que lo sujetaban. Duray manifestó que Chávez estaba consciente, que lo llamaba constantemente por su nombre y que se quejaba de dolores en ambas piernas. Inmediatamente el equipo de auxilio procedió a entablillar ambas piernas, para así poder colocarlo en un vehículo y trasladarlo al hospital de San Biaggio en Domodossola.

despues del accidenteEl aviador herido fue acompañado por los doctores Giusseppe Borgnis, asistente del hospital de Domodossola, Pasini di Alfonsine, médico del Comité organizador, Rodolfo Attilio y Luigi Squarcia ambos de la Cruz Roja. Cuando llegaron al hospital San Biaggio fueron recibídos por el Director del mismo, doctor Alfonso Veggia. Posteriormente llegó Luigi Barzini, el corresponsal del diario de Milán Corriere della Sera y amigo de Chávez y Duray.

El aviador Arthur Duray, el fiel amigo e infatigable manager de Jorge Chávez, que se encontraba en Domodossola para atenderlo en la llegada, presenció el desarrollo del lamentable accidente y narró lo sucedido. Su narración es la siguiente:

"Las alas han cedido a 20 metros del suelo. Bajaba de lo más bien, se acercaba a tierra en vuelo planeado, con una que otra aplicación de motor. De repente, "crac", las alas se han desprendido y se han doblado hacia atrás como las de una paloma. El aparato se vino abajo, a pique, luego se dio vuelta de campana, deshaciéndose totalmente. Ya no queda nada, no es más que un montón de piezas sin forma: el timón salió despedido a muchos metros de distancia, deformándose por completo; la hélice se torció y rompió; del fuselaje no queda más que un montón de deshechos y las ruedas de aterrizaje están irreconocibles. Piense usted en lo horrible que debe de haber sido para Chávez quedarse debajo de todo eso, con la cara incrustada en el suelo. Sin embargo, no perdió el conocimiento y me llamó. ¡Pobre amigo mío! Es la misma desgracia de Delagrange y deWatcher.”

“El aparato estaba cansado, había luchado demasiado con el viento ¡Es terrible!.”

Arthur Duray recogió el barómetro que estaba roto y pudo darse cuenta que éste sólo había trabajado cuando el monoplano Bleriot se encontraba descendiendo a los mil metros de altura. Con ello se deduce que Chávez no pudo hacer uso de él para guiarse en la travesía y sólo lo hizo con las observaciones visuales... Duray dijo..."A pesar de todo esto, ha logrado pasar".

Las Observaciones efectuadas por el Comisario de la Travesía Arturo Mercanti referidas al accidente ocurrido a Jorge Chávez al llegar a Domodossola, fueron las siguientes:

"Se sabe que llegando a una decena de metros sobre el suelo, encendió nuevamente el motor para enderezar el aparato y aterrizar; se vio en aquel momento que las alas se doblaban y que el aeroplano se precipitaba; se sabe que entre los escombros del aparato, se descubrió la pieza número 547, de unión entre el fuselaje y el ala, que presentaba signos evidentes de una rotura anterior y de una reparación descuidada por medio de clavos... La travesía de los Alpes estaba realizada, pero la sensibilidad de los humanos cumplía el trágico designio salido tal vez de las manos inconscientes de un apurado artesano."

Esta declaración efectuada por el Comisario de la Travesía Arturo Mercanti, hace ver que esa pieza de unión del fuselaje con el ala presentaba signos de una rotura anterior y de un procedimiento de reparación mal efectuado, creando así una zona debilitada en una parte sumamente crítica del aeroplano. El Bleriot XI estando en esas condiciones, estuvo sometido también a fuertes turbulencias y vibraciones, con cambios bruscos de altura, por efecto de las corrientes ascendentes y descendentes y vientos cruzados en varios vuelos anteriormente así como en éste último, el del cruce de los Alpes. Esto, por tanto, fue una posible causa para el desprendimiento parcial de las alas y su plegada hacia atrás, haciendo perder la aerodinámica del avión y por tanto la posibilidad de control del mismo por parte del piloto, originandose así el desplome a tierra con impacto de la proa a 45 grados aproximadamente. Si bien Duray en sus comentarios hace ver que el avión quedó completamente detrozado, viendo las fotografías del accidente se puede apreciar que las alas practicamente han quedado casi intactas, claro que plegadas hacia la parte posterior del fuselaje. También se aprecia que las ruedas no se han deformado, que el empenaje de cola y parte del fuselaje posterior quedaron sin deformaciones.

Video: Simulación tridimensional del avión Bleriot de Jorge Chávez cruzando los Alpes desde Briga, Suiza a Domodossola, Italia.

Ese mismo día viernes 23 de septiembre, después que Chávez había efectuado la travesía de los Alpes, el aviador norteamericano Charles Weymann despegó de Briga en su biplano Farman, tomó un poco de altura sobre el campo, pero al no poder lograr la necesaria para poder cruzar los Alpes, descendió y aterrizó en el campo de Briga, dando por cancelando el vuelo y retirandose de la competencia.

El día Sábado 24 de septiembre de 1910, al día siguiente de la gran travesía de los Alpes, Chávez recibió la visita de sus amigos Arthur Duray, Luigi Barzini y Joseph Christiaens. Duray, mostrando en sus manos un manojo de papeles, le manifestó a su amigo Chávez que le traía los últimos telegramas que habían llegado de todas partes del mundo. Chávez mirando a su apreciado amigo le repondió... "Hay que contestarlos".

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